Aguascalientes

Y la Bandera Tuvo los Colores Mas Coloreados...

Crónica de la bienvenida Zapatista

Por Juan Pablo De Avila Amador

Los zapatistas acuerdan ya no continuar con el hipócrita gobierno y deciden hablar con todo el pueblo de México, para que ya no sea el presidente y sus asesores y sus jefes y el extranjero quienes decidan sobre la guerra y la paz de los mexicanos, que los indígenas ya y de buena vez sean respetados como los auténticos mexicanos.

Así se lanza la consulta zapatista, así vienen a Aguascalientes, desde sus Aguascalientes en la selva. Llegan a la plaza en un domingo soleado. Son 22 hombres y mujeres que vienen a impulsar la consulta sobre sus derechos. Se había pactado que fuera al medio día para no entorpecer la votación de la reina, bonita fregadera, hasta en eso los indios son arrinconados. Entonces salen de un camión andrajoso y viejo, la gente hace baya y les aplaude. Alguien grita: Estos si tienen güevos. Es histórico el encuentro, a 85 años de aquellos primeros zapatista que vinieron. Los indígenas alzados dignifican la plaza de armas. Ahora sí de armas, como en la lucha por la independencia, la verdadera. Un grito recorre la plaza: "Zapata vive, y Zapata viviera con nosotros estuviera". Los campesinos encapuchados, pequeños sólo físicamente y con paliacates suben al estrado. La luz es más luz. Y cuando entra la bandera y saludamos, todos, toditos, la bandera retomó sus verdaderos colores, en rojo colorado en la sangre de ellos, los que han muerto para empujarnos a hacer otro México, con ellos y con todos, porque en ese momento la bandera tuvo los colores más coloreados que he visto, el verde de su selva, su riqueza y la nuestra, negándonos a que sea vendida, como la electricidad, nuestro suelo o nuestra agua, el verde de nuestra naturaleza, y el blanco como símbolo de paz, pero la paz verdadera, la auténtica, la que venga con justicia y dignidad.

Los policías encienden sus woki tokis, sus celulares, nunca la plaza había tenido tantos policías en sus adoquines, tantos y de tan diferentes destacamentos, los más diferenciales: inteligencia militar, por su corte a rape. Todos diestros y observantes de los humildes campesinos cantando el himno zapatista, pendientes de sus posibles armas de sus posibles arengas de revolución. Pero las armas no entienden, y las más poderosas que traen son su piel morena, su empobrecida vestimenta, sus huaraches, su capucha negra y su paliacate. Sus armas son su indianidad. Y el himno nacional se hizo más himno, y recuperó como nunca su fuerza de ser un canto de independencia, ya no lo habían quitado con sus ceremonias oficiales y oficiosas del gobierno y los altos jerarcas que entregan nuestras riquezas, ya no lo habían humillado y degrado, pero con los indios zapatistas, la plaza, la bandera, el himno, recobraban una esencia que nunca habíamos sentido. Por eso entendí tanto policía oreja en la explanada, porque el poder les tienen miedo, y entendí que sí vienen armados, bien armados de esperanza y paz, la palabra auténtica, de indianidad que todos tenemos pero niegan los pirruris del gobierno o de los que prefieren blanquearse y sentirse gringos, de raíz que nos alienta a luchar por nuestras riquezas y derechos, con ellos para todos, porque de los humildes, sólo de ellos brotará la luz...